Una mirada al pasado…

Empieza el verano y el cuerpo va acusando cada vez más el castigo del sol y las altas temperaturas. A veces nos da por pensar que hemos nacido en el lugar y tiempo equivocados. Puede que en algunos sitios nos llamen los “raros”, y aunque soy partidario acérrimo de las nuevas tecnologías, me agota este mundo lleno de estrés, de prisas, de horarios..

Hemos decidido tomarnos un fin de semana de descanso total, buscando un lugar en el que las características de la zona y la altitud del terreno puedan contrarrestar las altas temperaturas de Julio. No ha sido fácil la tarea, pues desde nuestro punto de origen casi toda opción deseable se alarga a más de tres horas de camino que para dos días y medio de estancia es más largo de lo deseable.

Al final hemos elegido un lugar en la tradicional Castilla y León, en el centro de la Sierra de Francia. La población de Monsagro, destino acogedor para realizar unas buenas rutas por sus calles, su entorno y los pueblos colindantes.

Llegamos al destino a través de la pista que bordea la sierra, y que parece sacada de un cuento de fantasía, apenas se aprecia nada más que vegetación y arboleda, con suerte en el camino, distinguimos un curioso pájaro volando a un ritmo tan armonioso que no pareciera real. Los pueblos no se divisan hasta el mismo momento en que pasamos por ellos y el sol ya ha dejado paso a la noche. Solo queda tiempo para un corto paseo por el pueblo.

El sábado amanece, se han callado los grillos que cantaban por la noche, y solo un silencio aparece en la mañana, ni un ruido, ni un coche, solo el sol toca en la ventana y nos invita a despertar y disfrutar de las vistas.

Mª José, la encantadora propietaria de la Rural Valle de Agadón, un lugar que te invitamos que visites desde estas líneas, nos saluda con un tradicional desayuno de tostadas al pan de leña y pastel casero, antes de emprender la marcha hacia los pueblos que ella misma nos recomendó, en una ruta que hemos calculado que durará todo el día, pista de sierra y manantiales  naturales nos abren camino.

Llegamos al primer pueblo, después de visitar la Peña de Francia, San Martín del Castañar hace que retrocedamos en el tiempo como no habíamos pensado. Mezcla de madera y piedra domina en sus casitas irregulares, una plaza de otra época, y según nos cuentan los procedentes del lugar la plaza de toros más antigua de España y la torre del castillo nos dejan boquiabiertos, la tranquilidad se respira en cada rincón de sus calles, otro modo de vivir, ni que decir que nos encantará volver en invierno cuando todo esto sea propiedad de la blanca nieve. A mediodía llegamos a Mogarraz con imponente Castillo en el centro de la plaza, que otrora también fue plaza de toros con sus burladeros de piedra. Hemos parado a comer en Las Petronilas, por recomendación de nuestra casera, el menú delicioso, la atención excepcional, la curiosidad nos obliga a abandonar el lugar para recorrer las calles en pleno mediodía. Hace más calor del calculado, pero las vistas mitigan el sudor y la captura de las instantáneas que luego compartiremos en el blog nos convencen para seguir el camino.

Entrada la tarde llegamos a La Alberca, más turístico que los anteriores. Hemos andado un trecho para llegar al centro, y adquirir algunos souvenirs para la familia. Todos tienen en común la arquitectura, sus calles irregulares, sus plazas. Lo deseable sería pasar el día completo en cada uno de ellos, pero el corto fin de semana hace que sea imposible la hazaña. De vuelta pasaremos de nuevo a San Martín del Castañar a recoger unos bonsáis preciosos que nos guarda su hasta entonces propietario, un entrañable abuelo de Levante que nos ha descubierto algunos secretos del lugar.

De vuelta a Monsagro, nuestra sorpresa del fin de semana hace que el día sea por siempre inolvidable. Un rebeco nos asalta en la carretera con un impresionante salto y seguidos otros después, parado el coche intentamos capturas con la réflex y uno de ellos parece querer posar para la posteridad.

Amanece Domingo. Hemos reservado cita para que dos geólogas nos expliquen una curiosa y conocida característica de Monsagro, sus fósiles. Están por todas partes, de hace 480 millones de años, se pueden ver en todas las casas trozos de piedra de estos pequeños animales del pasado que sus gentes cogieron de la sierra creyendo en principio, según nos comentan, que eran raíces de arboles. En breve habrá una casa-museo con toda la historia del lugar, mientras tanto, en el pueblo se empeñan por difundir esta impresionante herencia.

Una vez recogida la maleta de vuelta pasamos por Ciudad Rodrigo. Pueblo medieval con una gran muralla. Hemos hecho una visita a la torre del castillo que aloja el Parador y hemos descubierto allí el único museo del mundo homenaje al orinal, tan curioso como original, al lado de la catedral y la capilla. Después de comer volvemos con la sensación de que este lugar merece mucho la pena visitarlo con más tranquilidad, por lo que habrá que planificar un viaje más largo. Para que no pierdas la oportunidad de visitar el encanto de la Sierra de Francia te dejamos estas maravillosas instantáneas.

 


3 respuestas a “Una mirada al pasado…

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